Crecí en un pueblito de Michoacán, en una familia marcada por la migración y la búsqueda de un mejor mañana. Desde muy pequeño aprendí lo que significan la ausencia, la espera y la esperanza. Trabajé desde joven y cada semana aguardaba con ilusión la llamada telefónica de mi mamá, ese hilo invisible que nos mantenía unidos a pesar de la distancia.
De la mano de mi abuela aprendí el valor del trabajo duro, la responsabilidad y, sobre todo, la importancia de nunca olvidar de dónde vengo. Ella me enseñó que la dignidad no se negocia y que nuestras raíces son una fuente de fuerza, no de vergüenza.
Desde que tengo memoria, he sentido una profunda curiosidad por las personas: por lo que sienten, por lo que callan y por las historias que cargan sin decirlas en voz alta. Quizá por eso aprendí temprano a observar, a escuchar más allá de las palabras y a intuir lo que ocurre en el mundo interno de quienes me rodean.
Migrar marcó mi vida. Dejar mi país, mi gente y lo conocido me colocó una y otra vez en territorios nuevos donde no siempre me sentí parte. Aprendí a moverme entre culturas, lenguajes y formas distintas de ver la vida. Esas transiciones no fueron fáciles, pero se convirtieron en una escuela profunda de resiliencia, humildad y humanidad. Ahí entendí lo que significa empezar de nuevo y lo importante que es sentirse acompañado en el proceso.
He caminado junto a personas valientes: migrantes, trabajadores, líderes comunitarios, hombres y mujeres que sostienen familias, sueños y responsabilidades enormes. Personas que no se rajan, que siguen adelante aun con miedo, cansancio o incertidumbre. Ellas me han enseñado tanto como cualquier formación profesional.
Con el tiempo comprendí que mi historia personal y mi vocación estaban profundamente entrelazadas. El coaching ontológico llegó a mi vida como una forma de ponerle estructura y conciencia a algo que ya habitaba en mí: la capacidad de crear espacios seguros donde las personas pueden detenerse, mirarse con honestidad y reconectar con lo que realmente importa.
Hoy acompaño a personas migrantes que atraviesan procesos de cambio, duelo, crecimiento o redefinición personal. Mi trabajo se basa en la escucha profunda, la inteligencia emocional y un respeto absoluto por la historia de cada persona. No vengo a corregirte ni a decirte quién deberías ser; creo espacios donde puedas recordarte quién ya eres.
Este no es solo mi trabajo. Es mi compromiso y mi propósito: acompañar a personas a vivir con más claridad, dignidad y coherencia, a reconectar con su voz y a caminar su vida con más presencia, valentía y corazón.
We use cookies to analyze website traffic and optimize your website experience. By accepting our use of cookies, your data will be aggregated with all other user data.